Prefiero a los pecadores

Ser cristiano significa perdonar lo inexcusable en otros porque Dios perdonó lo inexcusable en ti.
— C.S. Lewis
Los cobradores de impuestos y otros pecadores de mala fama a menudo venían a escuchar las enseñanzas de Jesús. Por eso los fariseos y los maestros de la ley religiosa se quejaban de que Jesús se juntaba con semejantes pecadores, ¡y hasta comía con ellos!
Entonces Jesús les contó la siguiente historia:  
«Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se pierde, ¿qué hará? ¿No dejará las otras noventa y nueve en el desierto y saldrá a buscar la perdida hasta que la encuentre? Y, cuando la encuentre, la cargará con alegría en sus hombros y la llevará a su casa. Cuando llegue, llamará a sus amigos y vecinos y les dirá: “Alégrense conmigo porque encontré mi oveja perdida”. De la misma manera, ¡hay más alegría en el cielo por un pecador perdido que se arrepiente y regresa a Dios que por noventa y nueve justos que no se extraviaron!

-Lucas 15:1-7 NTV

Jesús vivía la gracia, sabía a gracia, olía a gracia. Él era y es la misma gracia manifestada en el mundo. Al parecer era muy difícil percibirlo, pero no para todos. Por alguna extraña razón eran los maestros de la ley los menos sensibles a la esencia de Jesús.

Miles y miles de años después perpetuamos la misma mentalidad religiosa, totalmente opuesta a las enseñanzas de Cristo. Me imagino a Jesús consternado ante semejantes argumentos.  Pero nunca dejó de ser el gran Maestro.  Así que usó tres historias distintas para explicar solo una cosa: Él ama a los pecadores.

Los discípulos de Jesús eran de esos que la sociedad marginaba. Los que Jesús sanó eran aquellos que ya habían asumido su papel anónimo en la vida, pues ni siquiera eran considerados con dignidad. Sin embargo, los cuatro libros que hablan de la vida de Jesús están llenos de hombres y mujeres que para los religiosos maestros de la ley y legalistas eran nada, pero para Jesús eran como esa oveja perdida que ameritaba que las demás se quedaran esperando (en el desierto) hasta que el buen pastor la encontrara y la trajera de vuelta a casa. 

A veces nos sentimos tan justos, tan importantes y tan parecidos a Dios porque vivimos en la cima de la montaña. Pensamos que merecemos mucho aun con lo poco que damos y que somos lo suficientemente santos para decir quién es digno de gracia y quién no.  

Es por eso que nuestra sala de espera, muchas veces, es el desierto. No acabamos de entender que no se trata de lugares privilegiados o de grandes ministerios. No se trata de cuantos estadios lleno de personas o cuantos títulos engalanan nuestro currículum. Se trata de entender que antes que la luz de la fama y que la opinión de la gente, la gracia de Dios es y será la razón de nuestra existencia. 

Por la gracia de Dios soy lo que soy;
y su gracia no ha sido en vano para conmigo.
— 1 Corintios 15:10

Una vez más leía esta historia y pensaba en que hemos desperdiciado muchas oportunidades para celebrar.  Hemos perdido muchos momentos de satisfacción, pues hemos preferido quedarnos en el desierto con las 99 ovejas, que aventurarnos como el buen pastor y encontrar a aquella que un día se perdió. 

Jesús siempre aprovechó estos escenarios para hacerles entender a los “sabios” lo que Pablo predicó más adelante: La ley de Dios fue entregada para que toda la gente se diera cuenta de la magnitud de su pecado, pero mientras más pecaba la gente, más abundaba la gracia maravillosa de Dios (Romanos 5:20).

Esto no es algo a lo que estaban acostumbrados a escuchar, pero sí era una verdad que ofrecía libertad y salvación.  Los fariseos vivían encerrados en sus leyes y religión y no pudieron entender la magnitud de la gracia de Dios.

No he venido a llamar a los que se creen justos,
sino a los que saben que son pecadores y necesitan arrepentirse.
— Lucas 5:31

Sé que aún tengo que aprender mucho de Jesús. Pero no podría dejar que un día pase sin dar gracias por su gracia. Porque prefirió salir (morir) por mí y porque vio en mí lo que nadie ha visto jamás. No permitamos que nuestra mente sea como la de los fariseos que los hace inconscientes de su necesidad

Pero Dios prefirió usar las tonterías de este mundo para avergonzar a los sabios, y prefirió usar a los débiles de este mundo para avergonzar a los poderosos. Dios prefirió lo que el mundo cree que no es importante, lo que desprecia y lo que no significa nada. Prefirió todo eso para destruir lo que el mundo cree que es importante (1 Corintios 1:27-28 (NTV).

Jesús vino para salvarnos y para ello hay que creer en él. Los fariseos no pudieron desprenderse de la ley para alcanzar la gracia, pues no podían asimilar que la única manera de cumplir la ley era a través de la fe. ¿Será por eso que Jesús prefirió a los pecadores?


Ese sacrificio muestra que Dios actuó con justicia cuando se contuvo y no castigó a los que pecaron en el pasado, porque miraba hacia el futuro y de ese modo los incluiría en lo que llevaría a cabo en el tiempo presente. Dios hizo todo eso para demostrar su justicia, porque él mismo es justo e imparcial, y declara a los pecadores justos a sus ojos cuando ellos creen en Jesús.

Romanos 3:25-26

 

 

De todo corazón, 
Miredys