Tú me conoces

Mientras estábamos en el balcón de la casa de unos ancianitos, el grupo de jóvenes de la iglesia a la que asisto cantábamos junto a ellos en completa armonía. El rostro de uno de ellos mostraba la más sincera alegría desde que nos recibió en la entrada de su casa. No era para menos, pues desde hace mucho tiempo él no había podido disfrutar de un momento así, ya que por razones de salud no podía congregarse como solía hacer. Además de música y la santa cena, uno de nuestros jóvenes compartió una hermosa reflexión basada en el Salmo 139. ¡Rayos! Definitivamente no importa cuantas veces leas las Escrituras, siempre habrá una experiencia nueva lista para ti.

LEER SALMO 139

Mientras el joven leía este salmo, venían a mi mente esas (pocas) personas que conocen mucho de mí y aún con solo verme saben mi estado de ánimo o si tengo hambre o sueño, si algo me gusta o si lo detesto. El salmista expresaba su más profunda admiración hacia su creador. “Dios mío tú me conoces muy bien; ¡sabes todo acerca de mí!” (v.1). Es muy probable que alguien, alguna vez en tu vida, te haya impresionado al demostrarte cuanto te conoce: tus gustos, tu comida favorita, tu artista preferido y detalles que siempre tomamos como importantes. Aún así, jamás podremos humanamente comprender cuanto nos conoce nuestro creador. Eso SÍ es impresionante.

Sabes lo que hago y lo que no hago; ¡no hay nada que no sepas!
— Salmo 139:3

Si pensabas que eras la persona más weird-incompresible-complicada-difícil del planeta, tengo que decirte que hay alguien que te conoce y te entiende más allá de ti mismo o misma. ¡Wow! Cuando comprendes esta verdad tan reconfortante es inevitable sentir admiración y una profunda paz, así como la sintió David mientras entonaba este himno.

Qué importa si eres tímida o extrovertido. Qué importa si prefieres comer desayuno a las tres de la tarde o no te gusta el café con leche. Qué importa si lloras desconsoladamente con las películas cursis o si eres ser el más racional del universo. Dios conoce todas nuestras manías, nuestras buenas o malas costumbres, nuestros gustos y disgustos también. Pero más importante aún, Dios conoce nuestros sueños, nuestros desaciertos, decisiones, pensamientos, cuestionamientos, emociones, sentimientos, intenciones, nuestra capacidad, nuestros frutos, incluso nuestro nivel de fe. Dios conoce cada área de nuestro cuerpo, alma y espíritu: ¡DIOS NOS CREO!

No hay personalidad, carácter, mentalidad o corazón que Dios no conozca, pues es Dios quien nos ha hecho; él nos ha creado en Cristo Jesús para que hagamos buenas obras, siguiendo el camino que él nos había preparado de antemano. (Efesios 2:10) Somos creaciones maravillosas y debemos estar agradecidos de la perfecta obra que él ha hecho en nosotros. (v.14)

Nuestra complejidad no es un obstáculo para Dios, sino para nosotros mismos. No alcanzaremos a comprender el admirable conocimiento de Dios (v.6). Así que tu valor y esencia no la determinan ni tus gustos, ni tus manías, tu nacionalidad, tu núcleo familiar, tu nivel educativo o tu color de piel. Eres maravilloso porque ¡DIOS TE CREO!

 

 

De todo corazón,
Miredys