Resurrección en Naín: Jesús llegó a tu encuentro

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Tuve un día realmente productivo en el trabajo, sin mencionar los días anteriores. ¡Gracias Dios porque puedo trabajar! Pero eso no quita que cada vez que suena la alarma surja en mí un profundo e instantáneo deseo de permanecer abrazada a mi tan preciada cama. Luego de presionar snooze unas diez veces en el celular, casi de un salto salgo del cautiverio y así puedo comenzar la jornada que me toca. Mientras esperaba la comida durante mi break laboral, decidí continuar con mi lectura diaria del libro de Lucas. Ese día me esperaba el capítulo 7 y por alguna razón tuve que detenerme en la historia en la que Jesús resucita al hijo de la viuda. ¡Qué momento!

A veces tengo la habilidad o la manía de ver más allá de lo que literalmente se percibe.  Más que una viuda camino a enterrar a su único hijo muerto, más que una multitud maravillada y a la vez atemorizada por el milagro que hizo Jesús; ver la compasión de Jesús ante la necesidad de aquella mujer me desarmó por completo. De hecho, la literatura nos enseña que fue esta la razón que lo movió a realizar este milagro que solo Él tiene la potestad de ejercer: la resurrección.

Mientras leía y volvía a leer este pequeño relato, venían a mi mente esas personas que han vivido un cuadro similar.  Quizás no has perdido un hijo, pero sí sientes que tus sueños han muerto y que la esperanza, que era ese único hijo, también murió.  Vas de camino a enterrarlo junto con la multitud, pero no te habías percatado que dentro del gentío y muy cerca de tu único hijo muerto está Jesús, el «ho kyrios», el Señor. Te abrumas y lloras ante la pérdida, pero paradójicamente Jesús te dice: No llores. Para una mente natural esta expresión parece completamente absurda, pero para los que se han encontrado con el kyrios tiene más que sentido.

En seguida se acercó y tocó la camilla, y los que la llevaban se detuvieron. Jesús le dijo al muerto: —Joven, a ti te digo: ¡Levántate!
— Lucas 7:14

Jesús nos muestra su belleza a través de su compasión, que es movida por su perfecto e incondicional amor. Él entiende lo que sientes y conoce el anhelo de tu corazón. Cada frustración, cada pensamiento, cada alegría, cada momento… No hay nada que sea ajeno a su conocimiento.  Su misericordia te alcanza hoy y ahora. Su compasión te abraza y le da vida a tus sueños; a tu esperanza. Es por esto que el gran sabio reconoció en su libro de Eclesiastés que Él, en el momento preciso, todo lo hizo hermoso; puso además en la mente humana la idea de lo infinito, aun cuando el hombre no alcanza a comprender en toda su amplitud lo que Dios ha hecho y lo que hará. (3:11)

No es el tiempo de llorar por la esperanza que viste morir.  Es el tiempo de celebrar la esperanza que Jesús acaba de resucitar.  1 Pedro 1:3 dice: Alabemos al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo por la resurrección de Jesucristo. Esto nos da una esperanza viva.

 

 

De todo corazón,
Miredys