Lo que haces cuenta

Hace mucho tiempo escribí estas palabras.  Cada una de ellas salen de lo más profundo de mi corazón, de la experiencia y cada vivencia que supone vivir en una familia pastoral.  Quiero compartirlo esta vez en mi blog, ya que sé que muchos de los que leen Vois Mi Blog son hijos de pastores o líderes y saben lo que eso conlleva. Sé que no todos hemos pasado lo mismo, pero de alguna manera compartimos muchos intereses, necesidades, experiencias y sentimientos. Sólo te digo que no estás solo en este camino, pero más aún que eres esencial en tu casa: Lo que haces cuenta.


Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios.
— -Éxodo 20:12 (NVI)

Increíblemente no tengo ni la más remota idea de cómo empezar a escribir esto que aguarda en mi mente desde hace un tiempo, pero al parecer ya lo acabo de hacer, así que sigamos la jornada.  Les cuento que hace muchos años atrás, en mi familia aconteció uno de los eventos más especiales, hermosos, cruciales y complicados que hayamos podido experimentar. Nuestra casa, donde vivía una familia relativamente normal pasó a ser una donde viviría una familia pastoral. Sí, eso suponía muchos cambios, unos sutiles y otros bastante drásticos, pero no dejaba de ser algo maravilloso, al menos así lo veía yo en ese momento.

Era de esperarse, aunque a la misma vez fue inesperado.  Antes de proseguir, tengo que resaltar que la dualidad de lo amargo y lo dulce es como un toque imprescindible y me atrevería decir que obligatorio en toda esta historia.  Así que ni este día ni esta historia surgieron de la nada, pues su autor ya la tenía perfectamente escrita y ya, desde mucho antes, nos había dejado saber, sobretodo al personaje principal, mi papá, lo que se avecinaba, bueno, al menos aquellas cosas que podían saberse de antemano.

Mis padres son dos seres extraordinarios, de luz, de paz, aman a Dios tanto que su propia vida es y ha sido mi gran modelo de cómo amarlo yo a Él. Recuerdo que eran días de sólo aguardar en el cumplimiento de la promesa, pues la Palabra ya había sido dada mucho antes y en tantas ocasiones que era hasta un poco exagerado, pero sin duda alguna, ahora entiendo por qué siempre, y aún el día de hoy, el sonido retumbante de ese gran llamado sigue siendo un aliciente y un refugio al mismo tiempo.

Desde entonces ha pasado mucho tiempo y por la misma razón hemos gozado y sufrido de muchas experiencias, pero todas tan necesarias que no hay ninguna, por más dolorosa que haya sido, que pueda eximirse.  Si eres hijo de pastor entiendes este mensaje.  Probablemente no nos fue igual y hayas pasado menos alegrías durante el trayecto, pero lo que quiero decir no es que a uno les fue bien y otros no tanto, sino que nuestra inclusión, rol y ayuda como hijos de pastores es tan importante para nuestros padres como el llamado mismo.

¿Cuántas veces pensé salir a otro lugar? ¿Cuántas veces el “por qué” o el “no entiendo” han sido las únicas palabras posibles de decir?  sabes la repuesta… muchísimas.  Pero siempre Dios se ha encargado de recordarme lo que ya sabía, sólo que muchas veces sufrimos de una memoria muy cortay poco esperanzada en las promesas antes dadas. La belleza de este camino es tan compleja y fascinante al mismo tiempo que aunque parezca una paradoja, sin duda alguna, es un gran privilegio pertenecer a una familia pastoral.

Estos días son muy diferentes, muy ajorados, el tiempo se va a pasos aligerados, son muchas las obligaciones que se deben cumplir y ser pastor hoy no es lo mismo que hace años atrás.  Las exigencias para nuestros padres-pastores son muchas y a veces las fuerzas se trastocan.  No es nada sencillo lo que les ha tocado.  Que ellos lo hacen por decisión propia, sí, pero a la vez hay un llamado que no se puede ignorar.  Por eso ellos y ellas están ahí, día a día como padres de muchos, con las cargas de todos a cuestas, cumpliendo con la gran encomienda que les ha dado su Padre. Y no es para menos, sentirse cansados es casi un derecho, pues el sencillo arte de trabajar con seres humanos ya supone un cuadro bastante complicado.  Pero ver el amor y la pasión con que lo hacen, es para mí, motivo de gran admiración.

Somos su soporte.  Si eres hijo de pastor, sé que entiendes este mensaje.  Solo quiero decir que mientras nos sea posible estemos con ellos. Nuestra ayuda, nuestros consejos, nuestros abrazos, nuestro amor, nuestras oraciones, nuestra compañía, luego de Dios, siempre serán el mayor refugio que nuestros padres-pastores puedan tener.  No dejemos que las situaciones de la vida (pastoral- cristiana) sean mayores que nuestro amor por Dios y por ellos, pues esto también les ayudará a rendir grandes frutos en su ministerio. Un pastor que tiene una familia que lo apoya y lo ama, será uno que puede rebasar cualquier cosa y que logrará hacer un mejor trabajo.

 

Hoy es un buen día para dejarles saber que estamos presentes.  Inténtalo.

 

 

De todo corazón,

Miredys