Happy "New Me"

No recuerden lo que pasó antes ni piensen en el pasado.  Fíjense, voy a hacer algo nuevo. Eso es lo que está pasando ahora, ¿no se dan cuenta? Haré un camino en el desierto y ríos en tierra desolada.

Isaías 43:18-19


Llegó enero y es como si comenzara un nuevo tiempo. Mientras se acercaba el mes de diciembre, muchos comenzaron a hacer el recuento de todo lo que hicieron durante este año que ya hace unos días llegó a su fin. Unos están satisfechos porque lograron cumplir muchas o todas sus resoluciones para el 2015, mientras que otros reviven la misma frustración de no haber podido lograr muchas de las metas que habían trazado.

¡Ay, las resoluciones! Me parece que le damos demasiada importancia y nos olvidamos de esas vivencias y experiencias inesperadas que nos otorgó la vida durante este año que transcurrió. A decir verdad, yo no soy muy creyente de esa cuestión de hacer una lista de resoluciones para comenzar el año, aunque tampoco estoy en contra con quienes las hacen y les resulta, ya ven, cada quién tiene su manera de proceder.

Ahora bien, me gustaría que entiendas esto: “No tendrás un “año nuevo” si tú sigues siendo el mismo o la misma. La transformación real de tu vida, los verdaderos cambios que necesitas y buscas van más allá de una exuberante dieta o una súper rutina de ejercicios, de una posición laboral más prominente o un impresionante cambio de look. No me malinterpretes, estos cambios son buenos y ayudan a que nos sintamos mejor con nosotros mismos, pero son cambios externos que en muchas ocasiones no guardan ninguna o muy poca relación con nuestro interior. Y es ahí donde fallamos, porque hacemos resoluciones para otros y no para nosotros mismos.

¿Cuántas veces te has tomado un tiempo para pensar en cómo has crecido como ser humano? ¿A cuántas personas ayudaste durante este año? ¿Cuántas veces le dijiste a los tuyos cuanto los quieres y lo importante que son para ti? ¿A quién perdonaste o le pediste perdón? ¿Qué asuntos pendientes lograste resolver? ¿Cuanto tiempo le dedicaste a Dios? ¿Tu relación entre Dios y tú es mejor, más fuerte, más real, más íntima? ¿Cada noche, duermes en paz? Son interrogantes que no son usuales para nosotros, pero probablemente debamos tomarlas en consideración en ciertos momentos de nuestra existencia.

Sé que también hubo eventos que trastocaron nuestra estructura  brutal e inesperadamente. Sé que no es fácil reconstruir nuestra vida, nuestros sueños y sentimientos después de una catástrofe que llegó sin previo aviso. Pero no tenemos que sentirnos abandonados a nuestra suerte, tenemos una esperanza en Jesús quién hace nuevas todas las cosas. Probablemente te sientes estancado o estancada en lo que pasó y no te has dado cuenta de lo que está pasando en este momento:

Fíjense, voy a hacer algo nuevo.
Eso es lo que está pasando ahora,
¿no se dan cuenta?
Haré un camino en el desierto
y ríos en tierra desolada.

Enfócate en aquello que es difícil de sanar, pero no imposible. Cuando renovamos nuestro interior, nuestro exterior reflejará como un espejo lo que llevamos dentro. Así también se renovarán nuestras fuerzas, nuestro ánimo y nuestro carácter, y rendiremos grandes frutos con el fin de glorificar a Dios y bendecir a los demás. En 2 de Corintios 4:16 dice: Por eso no nos desanimamos. Pues aunque por fuera nos vamos deteriorando, por dentro nos renovamos día a día.

Más que resoluciones, metas y planes, examinemos nuestra vida y propongámonos ser más humanos, más compasivos y darle prioridad a lo que de verdad nos llena, nos une y nos transforma: el amor.

Y todo lo que hagan, háganlo con amor.

1 Corintios 16:14

 

 

 

 

De todo corazón,

Miredys