Existencia vs. Trascendencia

Definición filosófica de Trascendecia: Aquello que está más allá de los límites naturales.


Cuantas veces escuché el término “trascendencia”, pero no fue hasta hace un tiempo que pude asimilar todo lo que exige ser alguien “trascendente”. Podemos definir esto de muchas maneras, pero me encanta como lo expresa Víctor Frankl: “..el hombre es un ser trascendente, que siempre estará orientado a otra persona, a una tarea o a una misión que llevar a cabo”.

En la Biblia hay muchos hombres y mujeres que han trascendido la historia, pues vivieron vidas más allá de los límites naturales. Pedro, es uno de esos que marcó precedentes por su pasión por Jesús, el evangelio y la iglesia.  Pedro era un pescador, un hombre poco intelectual y sencillo que hasta un momento de su vida solo existía como cualquier otra persona.

En la filosofía, el término existencia se define, por oposición a esencia, una realidad concreta de un ente cualquiera.

 Existencia No Es Lo Mismo Que Esencia.

Creo que Pedro no había entendido esto hasta que surgió el evento más importante de su vida: su encuentro con Jesús (Mateo 4:18-20). Desde entonces cada paso en la vida de Pedro lo llevaba más allá de su propia existencia, definiendo, simultáneamente, la esencia que el mismo Dios, a través de su hijo le entregaba.

Ser alguien que transciende requiere desprendimiento, genuinidad, esencia y entrega. El español Carlos Cristos expresó: “A todos nos quitarán todo, no nos llevaremos nada, dejaremos hecho para los demás, nuestra única forma de trascendencia”.

Lo que trasciende no es la imagen física, ni las posesiones materiales, mucho menos la preparación académica; es la esencia la que determinará el efecto de lo que eres y lo que haces en y para los demás, aún más allá de la existencia.

Como pueden ver, la fe por sí sola no es suficiente. A menos que produzca buenas acciones, está muerta y es inútil. Ahora bien, alguien podría argumentar: «Algunas personas tienen fe; otras, buenas acciones». Pero yo les digo: «¿Cómo me mostrarás tu fe si no haces buenas acciones? Yo les mostraré mi fe con mis buenas acciones».

                                 Santiago 2:17-18 (NTV)

Para trascender hay que accionar; demostrarle al mundo cual es la esencia del bien a través de la fe, claro, nuestra fe debe estar apoyada por nuestras acciones. Aunque Simón Pedro no conocía, ni comprendía muchas cosas de Jesús, la esencia del maestro fue suficiente para mover su corazón.  Tanto así que cuando Jesús le preguntó a sus discípulos ¿Quién soy yo?,  sin mucho titubeo, fue Simón Pedro quien tomó la palabra: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios que vive y da vida. Esta respuesta no surgió por lo que había escuchado del hijo, fue la esencia del Padre, manifestada en él la que accionó.

Jesús le dijo: ¡Bendito seas, Pedro hijo de Jonás! Porque no sabes esto por tu propia cuenta, sino que te lo enseñó mi Padre que está en el cielo. Por eso te llamaré Pedro, que quiere decir “piedra”. Sobre esta piedra construiré mi iglesia, y la muerte no podrá destruirla.

Mateo 16:17-18 (TLA)

Todos existimos, pero no todos trascendemos. Muchos buscan la esencia en donde solo hay espejismos. Sin embargo, Pedro abrió la puerta hacia un camino de trascendencia, al reconocer a Jesús como el hijo de Dios que vive y da vida eterna. Una que trasciende el concepto natural de “vida”, pues no se sujeta a la esencia humana, sino a la esencia de Dios.

Pedro no solo existió, sino que su legado ha trascendido la historia. Hoy no solo lo conocemos como el pescador, sino como la cabeza de la primera iglesia, quien hizo milagros, evangelizó en muchas regiones, murió por la causa de Cristo y dos libros de la Biblia llevan su nombre. Pedro trascendió porque estaba seguro de donde provenía su esencia e hizo su trabajo con excelencia desde su primera prédica. Pero más allá de esto, hay algo que atesoro de él: Pedro nunca abandonó su misión que el maestro le enseñó: en lugar de pescar peces, ganaría seguidores para Jesús.

Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
— Efesios 2:10

Dios no nos creó solo para existir. Hemos sido creados para hacer grandes obras impregnadas de la esencia del amor, la gracia y  la esperanza que Dios a través de su hijo nos enseñó.

 

Vive de tal modo que  el final de tu existencia sea el inicio de tu vida.

 

 

De todo corazón,

Miredys