Lo dulce de la espera

Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.

Habacuc 2:2-3


Dedico este escrito a mi generación:

Hace mucho tiempo, alguien me leyó estas mismas palabras. Recuerdo que esa noche leí esos dos versículos no sé cuantas veces. Desde ese momento no he podido sacarlos de mi pensamiento. Desde niña he sido muy soñadora. Siempre he creado grandes proyectos en mi imparable imaginación. Me he visualizado de muchas maneras y en distintos escenarios, pero todos, de alguna manera, nacen de la misma fuente de inspiración.

Mientras fue pasando el tiempo, muchas de esas “proyecciones” comenzaron a cobrar vida y cada día parecían más alcanzables para mí. Pero no siempre he sido tan segura como hasta ahora. Muchas veces, los sueños de Dios me parecieron demasiado grandes desde mi limitada perspectiva. Por eso estuve mucho tiempo como Habacuc… en la espera.

Agridulce; creo que no hay mejor palabra que describa “la espera”. No sé si para Habacuc el proceso de aguardar en la respuesta de Dios fue así, pero sé que esperó con paciencia y, eventualmente, la respuesta llegó. De hecho, hay dos tipos de espera y es muy importante hacer la diferencia.

Para unos, esperar es sinónimo de “por si acaso”. Digamos que estos no suelen hacer mucho movimiento en el proceso, incluso, no hay mucha esperanza (o fe) en que recibirán eso que “esperan”. La poca seguridad en su objetivo no les permite desarrollar la paciencia y en consecuencia, terminan abandonando la “visión” inicial.

Por otro lado, están los que aguardan confiadamente en la visión. Las dudas no componen nada en el panorama. Tal es su fe, que en el proceso de la espera, procuran avanzar y prepararse para administrar con excelencia la misión que Dios ha puesto en su corazón. Claro, existirán momentos donde la fe será probada, pero si hay algo que los caracteriza es el elemento de la perseverancia.

Santiago 1:25 dice: Pero el que no olvida lo que oye, sino que se fija atentamente en la ley perfecta de la libertad, y permanence (persevere) firme cumpliendo lo que ella manda, será feliz en lo que hace.

Nuestra generación tiene un gran reto en este tiempo. Nos ha tocado vivir un momento histórico muy importante y crucial. Hay muchas corrientes, muchos estilos de pensamientos, un sin número de “nuevas” ideas y múltiples perspectivas, y esto nos dificulta mantener el enfoque en la visión. Muchas veces, es el desenfoque lo que no nos permite crecer mientras esperamos su cumplimiento.

Veamos este ejemplo:

Hasta que llegó el momento de cumplir sus sueños, el Señor puso a prueba el carácter de José.

— Salmo 105:19

Nuestra carácter necesita ser probado. No creo que le darías tu prenda favorita a cualquier persona. Antes te aseguras de que sea capaz de cuidarla y valorarla (como tú). Pues así es Dios. Solo que los resultados no son para él; ya Dios sabe lo que podemos dar. Estos son para nosotros, para poder comprender cuantas cosas podemos lograr mientras nos enfocamos en la visión y en el Dios de la visión.

En definitiva, la espera es necesaria, es productiva y sin dudas, es el mejor escenario para crecer en todas las dimensiones de nuestra vida. Probablemente no “amas” el proceso de la espera, pero sí amas la visión que hay en tu corazón, y claro, al Dios que diseñó cada uno de tus sueños. Como dice un proverbio ruso: El corazón es un niño: espera lo que desea.

Por esto, Él mismo, a través de su Palabra, nos enseña que debemos ser buenos administradores de lo que él nos ha dado. Es su anhelo vernos fructificar y alcanzar el cumplimiento de la visión. Si de algo me siento segura es que Dios siempre quiere respondernos, pero no siempre estamos listos o es el momento para recibir su respuesta. Mientras tanto hay que esperar.

Más estos versos refuerzan aun más mi fe, pues aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.

Si estás en el proceso de la espera, alégrate. La visión que Dios puso en tu corazón tiene un propósito, es real y alcanzable. No tengas dudas… la visión se cumplirá.

Creo que no podría culminar mejor que con estas palabras de Pablo a Timoteo:

 No permitas que nadie te desprecie por ser joven. Al contrario, trata de ser un ejemplo para los demás cristianos. Que cuando todos oigan tu modo de hablar, y vean cómo vives, traten de ser puros como tú. Que todos imiten tu carácter amoroso y tu confianza en Dios.

1 Timoteo 4:12

 

 

 

De todo corazón,

Miredys