Empatía Congruente

Sean buenos y compasivos los unos con los otros, y perdónense, así como Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo.
-Efesios 4:32


En los últimos meses han surgido varios acontecimientos muy lamentables alrededor del mundo.  Masacres, desastres naturales, ataques terroristas, asesinatos y eventos sociales que nos han rasgado el corazón.  Y esto ha levantado, en las redes sociales y en diferentes partes del mundo, grandes cadenas y eventos de apoyo a las personas que han estado involucradas directamente. Esto demuestra cuanta solidaridad, compasión y empatía puede existir entre los seres humanos. Ahora bien, a veces me pregunto ¿Cómo hay personas que pueden sentir tanta conmoción con un evento “aislado” y con los más cercanos o con personas que ven a diario no pueden manifestar ni un poco de compasión? A esto yo le llamaría empatía incongruente

Hace un tiempo leí una frase que me voló la cabeza: 

Cada persona que ves, está luchando una batalla de la que tú no sabes nada, sé amable siempre.

No se trata de ser simpáticos, sino empáticos. Suena muy agradable, pero suele ser bastante difícil llevarlo a la práctica. Ser amable siempre requiere más de nosotros que de los demás. Sí, lo sé, parece imposible. Pero hubo alguien que pudo lograrlo a la perfección, Jesús. El Dr. Augusto Curry hace un gran análisis de la inteligencia de Cristo en uno de sus libros.  En este texto, no lo pudo describir mejor:

Jesús no se turbaba cuando sus seguidores no correspondían a sus expectativas.  A diferencia de muchos padres y educadores, usaba cada error y dificultad de sus íntimos, no para acusarlos y disminuirlos, sino para que evaluasen sus propias historias. El Maestro de la escuela de la vida no se preocupaba por corregir los comportamientos manifiestos de los más cercanos, pero se empeñaba en estimular sus pensamientos y en que expandieran la compresión de los horizontes de sus vidas. 

Jesús en su calidad humana, nos enseñó a ser empáticos de una manera magistral.  Pues ponerse en los zapatos de los demás, sin tener que estar de acuerdo con su realidad, no es un ejercicio fácil.  La empatía no es otra cosa que entender y acceder a los sentimientos de otros. Pero esto es un compromiso personal que deberíamos asumir todos. 

Pablo tuvo que entender esto en su proceso de formación ministerial. Así lo demostró en su carta a los Filipenses en el capítulo 2 (v. 1-5):

Si Cristo les ha dado a ustedes poder para animar a los demás, y si el amor que ustedes tienen los lleva a consolar a otros, y si todos ustedes tienen el mismo Espíritu y son compasivos, 2 les pido que vivan en armonía y que se amen unos a otros. Así me harán muy feliz. Pónganse de acuerdo en lo que piensan, deseen las mismas cosas y 3 no hagan nada por orgullo o sólo por pelear. Al contrario, hagan todo con humildad, y vean a los demás como mejores a ustedes mismos. 4 Nadie busque el bien sólo para sí mismo, sino para todos. 5 Tengan la misma manera de pensar que tuvo Jesucristo.

Si nos conmovemos con las noticias negativas que suceden en otro país, pero no apoyamos a los que están cerca de nosotros, algo no está bien. Una persona empática, genuinamente lo será siempre y con todos.  Mostrará compasión en todo momento y será lo suficientemente capaz para mostrar amor en cualquier lugar que esté. No es algo que se provocará, sino es algo que nace en nuestro interior. Un corazón transformado con el amor de Jesús podrá manifestar con libertad una empatía congruente.

 

De todo corazón, 

Miredys