La Epidemia Silenciosa

Nunca se cansa el que confía.
— Francisco Quevedo

Me esperaban unos días espectaculares. Mi mejor amiga, un gran hotel de Puerto Rico y hermosos días de playa y esparcimiento. No necesitaba nada más. Todo iba muy bien entre risas, largas conversaciones de temas triviales, algunas sesiones de fotos, un poco de café y más risas. Llegó la noche. El primer día ya estaba a punto de culminar. 

No sé que estaba pasando, pero al menos para mí, aquella noche no quería terminar. Buscaba conciliar el sueño, pero no tenía éxito. Esta vez no era como otras veces. Llegué a pensar que algo estaba sucediendo. –¿Será un mal presentimiento? Los pensamientos comenzaron a ganar terreno en mi mente y comenzaban a multiplicarse más rápido que los propios latidos de mi corazón, que en ese momento estaban acelerándose sin alguna razón aparente. 

—No puedo dormir. No sé que me pasa. No puedo respirar bien.

Entre el sueño y el susto, mi amiga me preguntaba qué estaba sintiendo. La verdad era difícil explicarlo. Era la primera vez que me pasaba algo así. Luego de varios días y uno cuantos episodios más pudimos encontrar qué estaba pasando. Bienvenida Miredys al mundo de los ataques de ansiedad.

* * * 

Según los últimos estudios estadísticos poblacionales, (National Comorbidity Survey-R, USA; 2005) la prevalencia en la población (es decir, el porcentaje de casos que se encuentran en la población general a lo largo de la vida) de los Trastornos de Ansiedad en conjunto es del 29%. Esto significa que 1 de cada 4 personas tuvo, tiene o tendrá alguno de estos trastornos. De hecho, la mayoría de los casos se dan entre personas de 20 a 50 años de edad. [1]

Es increíble la cantidad de personas que alguna vez han pasado por esto. Unos pasaron por la experiencia una vez en su vida, algunos durante un tiempo y otros aún siguen luchando para vencerlo.  Son muchas las variables que pueden provocar un ataque de ansiedad. Los famosos “estresores” que nos llevan a vivir tan desagradable momento. 

El problema está en que muchas veces no logramos identificarlos. Y poco a poco, silenciosamente van desnivelando nuestro sistema, hasta que un día, nos vemos presos ante ese conjunto de síntomas. Ahora bien ¿Dios nos ha llamado a vivir vidas oprimidas por la ansiedad?

Dejen todas sus preocupaciones a Dios, porque él se interesa por ustedes.
— 1 Pedro 5:7

Esta parte no es muy fácil como parece. Lo sé. Pero es la única manera de liberarnos de la ansiedad y el estrés. Confiar plenamente en Dios es la única prescripción de real y completa efectividad para nuestra vida.  Solo cuando logremos desplazar los pensamientos negativos que nos producen ansiedad, sentiremos el alivio que necesitamos. Antes que pensar en el problema, en la enfermedad o en todo aquello que no podemos controlar, tenemos la opción de dirigir nuestro pensamiento en todo lo bueno, en todo lo justo, en Dios.

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.
— Isaías 26:3

Confiar plenamente en Dios no es la vara mágica que desaparecerá los problemas al instante, pero sí nos hará sentir seguros, guiados y descansados durante la travesía. Pero cuando nos sintamos a punto de estallar, tenemos una hermosa invitación: ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar. (Mateo 11:28)

Dios nos ha llamado a vivir y a disfrutar nuestra vida con libertad. No debemos permitir que nada nos oprima y nos encierre, pues ahora somos libres porque Cristo nos liberó. Manténganse firmes en la libertad y no vuelvan a la esclavitud. (Gálatas 5:1)

Nuestro modelo de vida lleva un ritmo sumamente veloz. Un ritmo que agota, drena y sobrecarga. Por eso Pablo decía“no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto.” (Romanos 12:2)

Dios nos ha dado un ritmo diferente para vivir, un propósito que cumplir y una vida para vivirla a plenitud. Debemos cuidarnos y ser diligentes con nuestro cuerpo, no olvidando que él es templo del Espírtu Santo. (1 Corintios 6:19).  Pero no podemos olvidar que él ya venció todo aquello que podría agobiarnos. 

Yo les dije esto para que encuentren paz en mí. En el mundo ustedes tendrán que sufrir, pero, ¡sean valientes! Yo he vencido al mundo.
- Juan 16:33

 

De todo corazón, 

Miredys

 

 

[1] http://www.centroima.com.ar/informacion_estadisticas.php