En tus manos están mis tiempos

Sentada frente al mar. Siempre tan vivo, inmenso y tranquilizante. Observo el vaivén de las olas y recuerdo que siempre me ha fascinado el movimiento constante de ellas y el sonido fascinante que producen al romperse en la orilla del mar. Pero es maravilloso el espectáculo que ofrecen al volverse como una blanca alfombra de espuma que aparece una y otra vez al encontrarse con la arena. 

Las olas se forman por la fuerza del viento sobre cualquier cuerpo líquido.  Pero es en el océano donde las olas alcanzan mayor envergadura debido al gran espacio que tienen para formarse. Hay olas del mar que pueden formarse a pocos metros de la orilla. Otras han viajado miles de kilómetros de distancia hasta romper en la arena. Cada ola tiene un tiempo de formación y un tiempo de rompimiento. 

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
— Eclesiastés 3:1

“Cuanto mayor es la altura de las olas, mayor es la cantidad de energía que pueden extraer del viento, de forma que se produce una realimentación positiva”  Nuestros procesos, experiencias y temporadas son como las olas del mar. Pero hay una relación condicionada muy importante que depende de cuan alto queramos llegar al ser procesados.  Mientras más impetuosas sean las circunstancias, mayor es el crecimiento y conocimiento que obtendremos de ellas. Los procesos vividos en la voluntad de Dios siempre son ganancia. 

Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar.
— Habacuc 3:19

“La altura de las olas viene a depender de tres parámetros del viento, que son su velocidad, su persistencia en el tiempo y, por último, la estabilidad de su dirección.” Cada persona tiene su ritmo. Pero maximizamos nuestro conocimiento si vamos al ritmo de la voluntad de nuestro creador. La velocidad que nos lleva al propósito de Dios no nos agotará, sino que nos mantendrá resistentes a los tiempos que nos enfrentamos. 

Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.
— Isaías 40:31

Por tanto, debemos ser constantes y persistentes, no bajarnos de la ola antes de que se rompa en la orilla, pues el tiempo que dure será necesario para nuestro crecimiento. Como dijo Pablo a los Corintios: Por lo tanto, hermanos, permanezcan firmes y no dejen que nada los haga cambiar. Dedíquense totalmente a trabajar para el Señor, bien saben que su trabajo no es en vano. (1 Corintios 15:58)

Finalmente, si queremos llegar a lugares altos, no podemos desviar la ruta ya establecida. La estabilidad de nuestra dirección nos permitirá llegar a puerto seguro con el respaldo constante del mismo Dios que creó las olas en nuestra vida. 

“Así, los mayores oleajes se producen en circunstancias meteorológicas en que se cumplen ampliamente estas condiciones.” Dios conoce los escenarios que necesitamos para crecer.  No siempre son las condiciones que deseamos, pero son las necesarias para desarrollarnos. He aprendido a aceptar los tiempos buenos y los complicados. Al final del día, todo obra para bien. 

Cada vez que me siento frente al mar, sonrío y veo a Dios y su fidelidad. Así como las olas del mar, que en un momento se forman y en otro dejan de ser, sé que las circunstancias de la vida no son eternas y que en algún momento llegarán a su final.  Y al acercarnos a la orilla, habrá un espectáculo así como el de las olas, en el que Dios, una vez más, nos mostrará el poder de su amor y su cuidado sobrenatural.

Sabemos que Dios obra en toda situación para el bien de los que lo aman, los que han sido llamados por Dios de acuerdo a su propósito.
— Romanos 8:28

Nuestros tiempos, siempre estarán en las manos de Dios. 
-Salmo 31:15

 

 

De todo corazón, 
Miredys