La belleza de estar roto

Tener el corazón roto es una buena señal.
Significa que intentaste algo.
— Elizabeth Gilbert

Hace muchos años atrás leí la historia de un joven que vivía en un pequeño pueblo y decía que tenía el corazón más hermoso de todos los habitantes. Realmente era perfecto. No tenía rasguños ni heridas. Las personas de aquel lugar, al verlo,  quedaron admirados y convencidos de la perfección de su corazón. 

De pronto se acerca un anciano, algo consternado, y dirigiéndose al joven le pregunta: –¿Por qué dices eso, si tu corazón no es tan hermoso como el mío? Cuando el anciano muestra su corazón, todos quedaron impresionados y confundidos. Y es que el corazón de aquel señor estaba lleno de cicatrices, huecos profundos, unos remendados con otros trozos que ni siquiera eran de la misma forma, dejando algunos bordes que sobresalían alrededor. Otros espacios aún estaban abiertos y vacíos. Pero cada marca tenía una razón...

* * * * *

Leí esa historia muchas veces; tantas veces que nunca la borré de mi memoria. Para ese entonces, mi corazón aún era "perfecto" como el del joven. Pasó el tiempo. Fui creciendo y tomando decisiones; de esas que inevitablemente involucran el corazón. Sin darme cuenta, poco a poco y a través de los años, mi corazón se estaba convirtiendo como el de aquel anciano.

Hubo momentos en los que pude decidir entre seguir entera o correr el riesgo de salir rota.  En cambio, otros han tenido que enfrentarse a su realidad sin la opción de negarse o al menos pensarlo. Vil o livianamente, todos de alguna manera hemos estado rotos.  Pareciera que la vida nunca puede dejar de mostrar su lado hostil y doloroso. Sin embargo, como una señal de vida, el dolor será una parte ineludible de nuestra historia. Y a pesar de que algunos están más rotos que otros, es hermoso saber que todos tenemos la misma oportunidad de salvación.

Sé que es difícil entender cómo puede una persona tan perfecta como Jesús, fijarse en alguien tan roto como tú o como yo.  Sin embargo, Jesús, no vino a este mundo a demostrarnos su admirable inteligencia o su perfecta capacidad para hacer milagros.  Jesús, principalmente vino a entregarnos algo que nadie más en este mundo nos puede ofrecer.  Él vino a rediminirmos y salvarnos. 

Muchas veces nos hemos sentido fracasados como Job, y decimos: “Mi corazón está hecho pedazos, mi vida desapareció; fracasaron mis planes y esperanzas” (Job 17:11).  No es para menos, nunca pensábamos sentirnos tan quebrados. Hay momentos en los que estamos tan rotos que no vemos la forma de reconstruirnos y volver a la normalidad.  Jesús, no estuvo excento del sufrimiento, pues tuvo que sentir como cualquier otro ser humano. Pero en su carácter divino nos prometió que:

Él sana a los que tienen roto el corazón y venda sus heridas.
— Salmo 147:3

“No es fácil ser sanado. Aunque hay algo que es aún peor: no sanar”.  La salvación que Jesús nos entrega no se trata simplemente de nuestra alma en un sentido espiritual. Es una salvación completa y radical. Jesús nos salva aún de nosotros mismos. Romanos 5:6 dice que cuando éramos totalmente incapaces salvarnos, Cristo vino en el momento preciso y murió por nosotros.  Pero ¿qué puede haber en mí que sea importante para él?  El periodista y escritor, Philip Yancey, dice en uno de sus libros que:

“Jesús ve a la gente a través de lentes distintos. Él ve a la gente necesitada de la gracia de Dios que la niega, tal como los maestros de la ley y los fariseos, y gente necesitada de la gracia de Dios que la acepta, como la mujer que se acurruca ante sus pies en espera del golpe de la primera piedra.”

He aquí la belleza de estar roto. Jesús no mira lo quebrados que estamos. Cuantas cicatrices tenemos o cuantos espacios vacíos aún residen en nuestro interior.  Nuestra belleza está en la sinceridad de nuestro corazón y en nuestra disposición, así sean con las pocas fuerzas que quedan, de dejarnos amar por él

No veo la miseria que hay, sino la belleza que aún queda.
— Anne Frank
Debo contarles mi parte favorita de la historia que les relaté al principio.  
Luego que el anciano le muestra su corazón al joven, le dice las siguientes palabras: 
“Es cierto, tu corazón luce perfecto, pero no es jamás como mi corazón. Cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor.  Arranqué trozos de mí corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado.  Muchos a su vez, me han regalado un trozo del suyo y los coloqué en el lugar que quedó abierto.  Como las piezas no eran iguales, quedaron bordes, por los que me alegro. Me recuerdan el amor que hemos compartido. Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero no recibí un poco del suyo de vuelta.  De ahí quedaron los huecos. Dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas producen, al quedar abiertas me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, que algún día tal vez regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón.”

*  *  * 

Hay belleza en los corazones rotos pues, él no desprecia un corazón hecho pedazos (Salmo 51:17 DHH).  La viuda de Naín, la mujer adúltera, la mujer prostituta que derramó su mejor perfume a los pies del maestro, Pablo, David, Job… todos ellos también estuvieron rotos alguna vez.  Sintieron las desesperación y la desolación. Se sintieron desprovistos y perdidos. Pero  todos tuvieron la oportunidad de ser sanados y fortalecidos, porque los ojos del Señor recorren el mundo entero para fortalecer a quienes confían en él de todo corazón. (2 Crónicas 16:9)

La belleza de estar rotos es saber que hemos tenido la maravillosa oportunidad ser redimidos por el autor de la vida. Estar rotos y sentir dolor es la prueba de que hay vida. Jesús nunca nos prometió una vida sin dolor, pero sí que estaría con nosotros a través de los procesos del quebrantamiento.  "Sabía que el oasis es más bello cuando se construye en el desierto, y no en las florestas."

“Los sufrimientos de Jesús nos muestran que el dolor viene a nosotros no como un castigo sino como un campo de prueba de fe que trasciende al dolor.  En verdad el dolor redimido me sorprende más que el dolor eliminado 

-Philip Yancey



Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación
-Mateo 5:3-4

 

 

 

De todo corazón, 

Miredys