Nunca Más Adiós

No voy a dejarlos solos; volveré a estar con ustedes.
— Jesús

Siempre he pensado que el aeropuerto es un lugar de mucha nostalgia. Pensaba en ello hace unos días mientras esperaba la llegada de alguien muy especial para mí. Era un momento que habíamos esperado hace más de un año. Fueron muchas las emociones a flor de piel. 

Antes del encuentro, observaba los rostros de los que se quedaron esperando el anhelado regreso de las personas que tanto aman.  Algunos solos, otros en familia, emocionados, nerviosos, pero con una alegría que se notaba a distancia.

Llegó el día en el que tuvo que irse. Lo acompañé esa mañana de regreso a su destino (temporero).  Les confieso que solo con ver los grandes letreros del aeropuerto y los aviones que venían e iban, comenzaba poco a poco a formarse ese nudo en la garganta que tanto había reprimido. 

Al igual que yo, había personas aguardando hasta el último momento. Una vez que los nuestros pasan al otro lado, ese sentimiento de nostalgia se apodera de nuestro pecho con mucha fuerza. Basta con salir por la puerta para dejar fluir con mayor libertad el mar de lágrimas que luchaban por salir desde hace mucho.

Habemos algunos que a pesar de ello, sentimos paz pues sabemos que pronto nos volveremos a ver. Pero otros solo viven con la esperanza de que surja una nueva oportunidad de estar al menos juntos una vez más. Y es que las despedidas siempre duelen. Nos avisan que nuevamente llegarán esos días de solo extrañar y esperar. 

Recordaba lo que sintieron los discípulos cuando pensaban que esa persona que tanto amaron se fue.  Aquel que un día cambió sus vidas para siempre y les mostró la verdadera razón de vivir, ahora no estaría más con ellos.  Quizás fue miedo, tal vez tristeza, decepción, impotencia o inseguridad. Sí, por un momento se sintieron solos o abandonados, así como lo expresaban en el camino a Emaús. Sin embargo, hay algo que ellos no habían entendido. La llegada de Jesús a sus vidas era de una vez y para siempre. 

 

—No se preocupen. Confíen en Dios y confíen también en mí.  En la casa de mi Padre hay lugar para todos. Si no fuera cierto, no les habría dicho que voy allá a prepararles un lugar. Después de esto, volveré para llevarlos conmigo. Así estaremos juntos. Ustedes ya saben a dónde voy, y saben también el camino que deben tomar. 

Juan 14: 1-4

 

Jesús ya no estaba físicamente, pero les prometió acompañarlos y estar siempre con ellos . Y yo le pediré a Dios el Padre que les envíe al Espíritu Santo, para que siempre los ayude y siempre esté con ustedes. Él les enseñará lo que es la verdad. -Juan 14:16-17

Quizás hemos tenido que enfrentar el dolor de la partida de alguien a quien amamos.  Es difícil tener que alejarse y aceptar que ya esa persona no estará más. Pero la llegada de Jesús es muy distinta. Una vez que lo recibimos no tenemos que pensar en despedidas ni en sufrir alguna separación. Así lo prometió.

Yo estaré siempre con ustedes, hasta el fin del mundo.
— Mateo 28:20

Podríamos comparar nuestra vida, con ese aeropuerto, aún estamos esperando ese gran regreso que aún con palabras es defícil describir. Pero mientras eso ocurre su Palabra nos recuerda que El Espíritu Santo vendrá y los ayudará, porque el Padre lo enviará para tomar mi lugar. El Espíritu Santo les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he enseñado. (Juan 14:26)

No estamos solos y pronto estaremos juntamente con él. Mientras ese momento llega, su Espíritu estará con nosotros para acompañarnos, guiarnos, consolarnos y darnos paz durante la travesía. Mantengamos viva nuestra esperanza.


Así debemos vivir, mientras llega ese día feliz y maravilloso que todos esperamos, cuando se manifestará nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.

-Tito 2:13

 

 

De todo corazón, 
Miredys


*Fotos tomadas de Pinterest