Veredicto de gracia

…mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.
— Romanos 5:20

Jesús llegó a Jericó y comenzó a atravesar la ciudad.  Allí había un hombre rico que era el jefe de los cobradores de impuestos. Su nombre era Zaqueo. Estaba tratando de ver quién era Jesús, pero no pudo porque había mucha gente y él era bajito.  Para poder verlo, salió corriendo, fue a un lugar por donde Jesús tenía que pasar y se subió a un árbol sicómoro. Cuando Jesús llegó a ese lugar, miró hacia arriba, vio a Zaqueo en el árbol y le dijo:

—Zaqueo, apúrate, baja de allí, porque hoy voy a quedarme en tu casa.

* * * 

Hace poco leí una historia que tiene mucho que ver con esto que pasó entre Jesús y Zaqueo.  Hubo un policía que relató un incidente cuando él y otros oficiales le dispararon a un joven de 18 años, luego quemaron su cuerpo con el fin de borrar la evidencia.  Pasaron ocho años y el mismo oficial junto a sus compañeros, regresaron a la misma casa, toman al padre del muchacho y frente a su esposa vertían gasolina sobre el cuerpo de aquel hombre y lo prendieron en fuego. 

Cuando este caso llegó a la corte, la sala de aquel tribunal quedó en silencio cuando aquella anciana, quien perdió primeramente a su hijo y luego a su esposo, le tocó el momento de hablar. En ese instante el juez le hace una pregunta que ante nuestros ojos pudiese parecer sumamente absurda:

¿Qué espera del señor Van de Broek?” 

Sin embargo, esta interrogante fue la antesala a una respuesta llena de una inmensurable gracia que muy pocos saben expresar. 

Quisiera que Van de Broek fuera al lugar donde incineraron el cuerpo de mi esposo y juntara el polvo para se le pueda dar un entierro decente.”  A lo que el policía asintió cabizbajo. 

Pero luego termina diciendo, –Este señor me sacó toda mi familia y todavía tengo mucho amor para dar. Dos veces al mes, me gustaría que él viniera al gueto a pasar el día conmigo así puedo ser una madre para él. Y me gustaría que el señor Van de Broek supiera que es perdonado por Dios, y que yo también lo perdono. Me gustaría abrazarlo para que sepa que mi perdón es genuino.”

* * *

Probablamente si tú o yo hubiésemos sido testigos en el caso del oficial Van de Broek, habríamos murmurado ante la respuesta de aquella mujer, así como lo hizo la multitud contra Jesús cuando se dirigió a Zaqueo.  Como dijo un gran escritor “es mucho más difícil mostrar gracia al opresor que al oprimido”.

Hemos aprendido a vivir bajo la ley que dice: “Ojo por ojo, diente por diente” Sin embargo, Jesús dio un veredicto muy distinto: Pero yo les digo que amen a sus enemigos y pidan en sus oraciones por los que los persiguen. De esta forma, ustedes serán hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que el sol salga tanto para los malos como para los buenos y que la lluvia caiga tanto para los justos como para los injustos. -Lucas 5:44-45

Ojo por ojo y diente por diente, y el mundo acabará ciego y sin dientes.
— Mahatma Gandhi

Muchos nos hemos acostumbrado a una gracia demasiado liviana. En cambio, el peso de la gracia de Dios es inmesurable. Es la contrafuerza que vence el mal con el bien (Romanos 12:21).  La gracia de Dios es la que se ha manifestado para salvación de TODOS los hombres (Tito 2:11) y que irónicamente sobreabunda en un mundo lleno de pecado. (Romanos 5:20)

Y si ustedes sólo son buena gente con sus amigos, ¿creen que están haciendo algo fuera de lo común? Hasta los que no conocen a Dios son así.
–Lucas 5:47

Mostrar a Jesús no es simplemente ser el mejor líder en tu iglesia, un gran escritor o predicador. No es solo tener centros de ayuda a la comunidad o bendecir al más necesitado. Nuestros transgresores, también necesitan que les enseñemos el regalo de la gracia que hemos recibido a través de Cristo y la cruz.

* * * 

Luego que aquella mujer expresara su petición en la corte, se dirigió al estrado de testigos. De pronto, algunos en sala comenzaron a cantar Sublime Gracia, pero Van de Broek no logró escuchar el himno, quedó desplomado en el suelo, inundado por la gracia. 

Cuando el mundo ve la gracia puesta en marcha hacia los opresores que no se lo merecen, se queda en silencio.
— Philip Yancey

La iglesia que Jesús diseñó, muestra la gracia tanto para los oprimidos como para los opresores. Para ricos y para pobres. Jesús nos enseñó a amar, a perdonar y a mostrar la gracia que él nos ha mostrado a nosotros. Aunque es difícil, es liberador. 

Hoy piensa en todos aquellos que han lacerado tu dignidad, te han robado tus más grandes sueños o simplemente han estado en contra de ti. Ahora piensa como Jesús también los amó desde la cruz. Ese mismo amor es el que te redimió y los puede redimir a ellos. Y es el mismo amor que te permitirá obrar en justicia y ofrecerles el veredicto de gracia. 

Tranquilos.  Así como en la sala de aquel tribunal o como en la casa de Zaqueo cuando el Maestro lo visitó, Jesús hará el resto. 

 

 

De todo corazón,
Miredys

 

 

 

*Relato tomado del Libro "¿Para qué sirve Dios?" de Philip Yancey