The Dark Side: Part II

Dios dijo: «Que haya luz», y hubo luz.
Al ver Dios que la luz era buena, la separó de la oscuridad.
— Génesis 1:3,4

En la primera parte de The Dark Side, hablamos un poco sobre la sombra personal y ese lado oscuro de la mente que todos tenemos, pero muy pocos conocemos. Por esto quise enfocarme en estos dos aspectos primero, pues quería explicarlos con más claridad. Si aún no es leído la primera parte, te invito a que lo hagas. 


Al comienzo del escrito, comencé con una interesante cita de Carl Jung que dice lo siguiente: “Uno no se ilumina imaginando figuras de luz -afirmó- sino haciendo consciente la oscuridad...” 

Resulta que no es hasta que estamos conscientes de aquellas cosas que están en el inconsciente, que podemos ver con claridad todo aquello que estaba escondido en ese lado oscuro de nuestra mente. Por ejemplo: cuando una persona se acerca a Cristo y desea aceptarlo como su salvador, durante ese proceso surge algo que se llama arrepentimiento. Pero para que el arrepentimiento se de en la persona, ésta debe estar consciente de esas cosas por las cuales debe arrepentirse, de lo contrario, no tendría ningún tipo de sentido. 

Así mismo, cuando una persona quiere recibir luz en su vida, disipar las sombras y la oscuridad que le abruman, es importante que pueda identificar qué es lo que no le permite disfrutar de una vida llena de luz y claridad. Si no, estaría enfrentándose a lo desconocido, lo cual sería una batalla imposible de ganar, dejando a su paso agotamiento y frustración.

Sin embargo, este tipo de vida no es la que Jesús nos enseñó.  Aunque no nos prometió una vida sin momentos duros o procesos difíciles, si nos garantizó que en él podemos vivir en libertad. La luz de Cristo trae libertad y cuando somos libres podemos ser luz. 

Todo lo que se expone a la luz, se puede ver con claridad, pues todo lo que se saca a la luz se convierte en luz.
— Efesios 5:13-15

Sentirnos expuestos puede ser difícil y más cuando se trata de esos detalles que escondemos porque sentimos que si salen a la luz podrían derrumbarnos y cambiar nuestra imagen ante los demás. Pero para que la luz de Cristo se manifieste a plenitud, debemos asumir la responsabilidad de soltar esos pensamientos, sentimientos y experiencias que no permiten que haya claridad en cada espacio de nuestra vida. Y en ocasiones preferimos seguir hundidos en la oscuridad, mientras se nos va la vida esperando ese momento en el que quizá nos atrevamos a enfrentar esas sombras que nos atormentan.

Porque en ti está la fuente de la vida y en tu luz podemos ver la luz.
— Salmos 36:9

Pero este paso no es algo que podamos hacer por nosotros mismos.  Sin la ayuda de Dios no es posible lograr esa plena libertad que necesitamos. Según dice el verso, es en Dios que está la fuente de vida y solamente a través de su luz es que podemos ver lo que antes no podíamos ver. 

Al final del sueño de Jung (que menciono en el escrito anterior), él interpreta lo siguiente:

"Cuando desperté me di cuenta de inmediato de que la figura que había visto en sueños era mi sombra, la sombra de mi propio cuerpo iluminado por la luz recortándose en la niebla. También sabía que esa luz era mi conciencia, la única luz que poseo, una luz infinitamente más pequeña y frágil que el poder de las tinieblas pero, al fin y al cabo, una luz, mi única luz.” 

Cierto es lo que dice el dicho que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. Estamos constantemente luchando con el “yo”. También creo que Dios nos ha dado la capacidad de pensar y razonar. Pero una mente que no ha sido iluminada con su luz, no podría estar en un sano juicio. Así que mi consciencia puede ser mi luz, cuando está alumbrada con la luz de Dios.  

Señor, tú iluminas mi sendero; eres mi luz en la oscuridad.
— Salmos 18:28

Esta experiencia no es sencilla. Denota desprendimiento, valentía, sinceridad y fe. Es un proceso intenso, pero al estar al otro lado, sabrás que ha valido la pena todo el esfuerzo. David conoció la luz y al dador de la luz, por eso pudo decir:

Porque tú me rescataste y me salvaste de la muerte. Me ayudaste a no ser derrotado para que ande en la presencia de Dios, bajo la luz que sólo los que tienen vida pueden ver.
-Salmo 56:13

Si aún sientes que hay rincones en tu vida arropados por la oscuridad y asediados por sombras, no tengas miedo en exponer tu oscuridad al Padre de las luces.  Su Palabra es una lámpara que nunca se apaga. Comunicarnos con él en oración es importante para conocerlo cada día más. Y si es necesario, busca la ayuda de aquellos que han sido alumbrados por el conocimiento y por su gracia, ya sea el pastor de tu iglesia, algún líder y/o profesionales de la salud. Pero no te abtengas de ser un ser libre. La luz de Dios solo trae vida y libertad.  

Recibe su luz. Sé luz.

 

 

De todo corazón, 
Miredys