Esperando por ti

—Vuelve a tu casa y cuéntales a tu familia y a tus amigos todo lo que Dios ha hecho por ti, y lo bueno que ha sido contigo.
— Marcos 5:19

Hace un tiempo atrás decidí estudiar la conducta humana. Y en el transcurso he notado que muchas de las teorías y postulados de la psicología y la consejería no se alejan de las enseñanzas que Jesús una vez nos entregó. El propósito de su mensaje, además de darnos salvación, ha sido formar personas libres, dignas y llenas de conocimiento. 

El lunes en la mañana revisaba mi feed de Facebook y me topé con una gran cita de Toby Mac que decía lo siguiente:

 “Tu historia puede ser la llave que libere a alguien en prisión.
No tengas miedo en compartirla.”

Al instante vino a mi mente mi historia. Como en una película, vi su comienzo y como, gradualmente, ha tomado un giro muy distinto de como era al principio.  Sin embargo, siempre he sentido que todo lo que he vivido, comprendido y obtenido de esta experiencia no solo es para mí.  Alguien necesita escuchar lo que Dios ha hecho en mi vida. 

Claro, todos tenemos historias de desiertos, tormentas y etapas de silencio. Pero lo impresionante de la historia no es lo que pasó, sino lo que Dios ha hecho contigo para que hoy puedas contarlo. Cuando Jesús interviene en nuestras experiencias de vida, cambia nuestra perspectiva. Nuestra mente no puede alcanzar a comprender su grandeza (Eclesiastés 3:11), pero aún así, su misericordia nos alcanza y nos permite ver su obrar aún en los pequeños detalles. Esto para que seamos testigos de él, pero así también para libremente compartir con los demás lo que él ha hecho en nosotros. 

Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.
— Hechos 4:20

Recuerdo que cuando personas que pasaron lo mismo que yo compartieron su historia conmigo, pude experimentar alivio. El simple hecho de saber que alguien más podía entenderme completamente, era un estresor menos que hacía de mi ansiedad una carga menos pesada.

Y es que cuando compartimos con otros nuestras vivencias y el obrar de Dios en medio de ellas, empoderamos al que nos escucha con valiosas herramientas que serán importantes para entender su proceso. Pero lo más hermoso es que nos convertimos en portadores de esperanza, lo cual será un gran aliado en medio de los procesos de la vida.

Quiero compartir contigo tres principios básicos que debemos tomar en cuenta al momento de compartir nuestra historia con los demás. No testificamos para decir algo que nos pasó y victimizarnos por lo acontecido, sino para exaltar el nombre de Jesús, quien por gracia nos ha dado la dicha de superar o de continuar nuestras experiencias difíciles con éxito. Así que al momento de compartir tu historia estás ayudando a que otros puedan:

 

Fortalecer la fe 

Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.  -Romanos 10:17

Muchas veces decimos creer en Dios. Pero cuando nos encontramos en plena crisis, nos cuesta más vivir por fe. Nos sentimos faltos de esperanza y de fuerzas. Y esto nos lleva a pensar que nuestro problema no tiene una fecha de caducidad. Sin embargo, tú y yo, que hemos pasado el mismo desierto, Dios nos dio herramientas para atravesarlo con fe. Cuando otros escuchen nuestra historia podrán entender que si lo hizo con nosotros, con ellos también puede hacerlo.

 

Sentido de comunidad

Quiero que ellos cobren ánimo y estén bien unidos con fuertes lazos de amor. Quiero que tengan la plena confianza de que entienden el misterioso plan de Dios, que es Cristo mismo.  -Colosenses 2:2

Una de las cosas que más me aterraba era que nadie entendiera lo que me pasaba. Cuando experimentas ataques de ansiedad, piensas que nadie te comprende y en consecuencia comienzas a experimentar la soledad, aún estando rodeado de gente. No fue hasta que personas que supieron lo que me estaba pasando, se acercaron y compartieron todo lo que ellos también han vivido, que pude sentir un gran alivio y fortaleza. 

No es lo mismo aprender lo que dice la literatura o los expertos a sentirte acompañado por alguien que ha vivido en carne propia tu misma experiencia. No somos extraños o incomprendidos, siempre habrá alguien que nos entenderá y que nos hará ver la gracia de Dios a través de su propia vida.

 

Un Corazón agradecido

Entonces dos cosas buenas resultarán del ministerio de dar: se satisfarán las necesidades de los creyentes de Jerusalén y ellos expresarán con alegría su agradecimiento a Dios.  -2 Corintios 9:12

Por más contradictorio que parezca, los procesos de nuestra vida no son por casualidad si no por un propósito. Cuando entendemos esto, confiaremos en la buena voluntad de los planes de Dios para nosotros (Jeremías 29:11). 

Recuerdo que luego de varios días de buscar explicaciones, de tratar de entender todo lo que estaba pasando, llegaba a mi mente esa promesa y no podía dejar de pensar en ella. Y aún en medio de la crisis, podía dar gracias a Dios porque puso personas en mi camino que me ayudaron a entender que mi problema era solo un momento de vida, era un proceso necesario para crecer. 

Hay muchas personas que están esperando escuchar que alguien los entiende. Hay muchos que necesitan saber que no están solos y que todo estará bien. Quizás pienses que es muy fuerte lo que te ha pasado, pero también nos sanamos cuando nos detenemos a sanar a otros. 


 

El Espíritu del Señor Soberano está sobre mí,
    porque el Señor me ha ungido
    para llevar buenas noticias a los pobres.
Me ha enviado para consolar a los de corazón quebrantado
    y a proclamar que los cautivos serán liberados
    y que los prisioneros serán puestos en libertad.
Él me ha enviado para anunciar a los que se lamentan
    que ha llegado el tiempo del favor del Señor
-Isaías 61:1-2

 

 

 

De todo corazón, 
Miredys