Don de servir

El que no vive para servir, no sirve para vivir.
— Madre Teresa de Calcuta

En el estudio bíblico de ayer hablábamos un poco sobre la importancia del servicio.  Podría parecer un tema trillado, pero mientras se desarrollaba la clase, pensaba en que aún hay muchos que no comprenden su valor.  El servicio es una de las facetas más importantes de la vida cristiana. Es el modo en el que mostramos el carácter de Jesús al mundo, pues es lo que hemos aprendido del gran maestro. 

Yo, el Hijo del hombre, soy así.
No vine a este mundo para que me sirvan, sino para servir a los demás. Vine para liberar a la gente que es esclava del pecado, y para lograrlo pagaré con mi vida.
— Marcos 10:45

Jesús dedicó su vida al servicio. Fue así como impregnó las vidas de amor y gracia, pero fue muy claro en su mensaje: “Si alguno de ustedes quiere ser importante, tendrá que servir a los demás” (Mateo 20:26).

Nuestro mensaje como iglesia se fortalece con la calidad de nuestro servicio. C.S Lewis, en su libro Mero Cristianismo expresó que en la historia veremos que los cristianos que más hicieron por este mundo fueron aquellos que pensaron más en el otro. Nuestros actos hablan más que nuestras palabras. Claro, nuestras obras en sí mismas no son lo importante (Efesios 2:9), pero sí la intención genuina de nuestro corazón al momento de servir.

Cuando servimos a otros estamos desarrollando y fortaleciendo el sentido de comunidad. El presidente Spencer Kimball dijo una vez que “Dios nos tiene en cuenta y vela por nosotros; pero por lo general, es por medio de otra persona que atiende a nuestras necesidades”.  Sin dudas, Dios nos muestra su cuidado a través de nuestro prójimo, pues hay un sinnúmero de maneras en las que podemos servirnos unos a otros. Si todos cumpliéramos con esto en el mundo habría menos necesidad.

Nuestro servicio tiene que ser genuino. Un corazón que se alegra en dar es desinteresado e incondicional. Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría (2 Corintios 9:7).

Dios es amor y nuestro deber es proyectar sinceramente ese amor a los demás con nuestro servicio. Bien dijo Pablo de la siguiente manera: Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso (1 Corintios 13:3)

Y todo lo que hagan, háganlo con amor.
— 1 Corintios 16:14

Servir es un privilegio para aquellos que tienen el amor de Jesús en su corazón. Sirvamos con calidad y hagamos con excelencia lo que el gran maestro nos enseñó. Siempre que tengas en tus manos la oportunidad, da por gracia de lo que por gracia has recibido. 
 

Les he enseñado que deben trabajar y ayudar a los que nada tienen. Recuerden lo que nos dijo el Señor Jesús:
“Dios bendice más al que da que al que recibe.”

-hechos 20:35

 

 

De todo corazón, 
Miredys