Oremos juntos

Desde que tengo uso de razón, el mes de enero, en muchas iglesias, se separa para la oración.  Recuerdo que estos solían ser de los servicios menos concurridos. Sin embargo, este año ha sido diferente, al menos así lo percibo yo. He notado mayor asistencia, compromiso y entusiasmo. 

Cuando oramos a solas, en nuestro espacio favorito de nuestra casa o en el lugar de trabajo, es una experiencia liberadora, más íntima e insustitible. En cambio, la experiencia de orar en comunidad y en comunión junto a los demás hermanos de la iglesia posee una belleza y poder incalculable.


Cuando oramos juntos y unánimes:

Tenemos respuesta a nuestra oración.
Les aseguro que si dos de ustedes se ponen de acuerdo, aquí en la tierra, para pedirle algo a Dios que está en el cielo, él se lo dará (Mateo 18:19). No es lo mismo orar con alguien, que estar en comunión con él. Orar en comunión (koinonía) con mi hermano, es participar o interactuar del ejercicio de la oración con un solo pensamiento. No buscando un beneficio propio, sino entendiendo que somos como uno solo ante Dios. 
 

Nos sentimos acompañados en el proceso.
Por eso, confiésense sus pecados unos a otros, y luego oren unos por otros. Hagan eso para que Dios los sane. La oración de quien está bien con Dios es poderosa y efectiva (Santiago 5:16).

Cuando tengan dificultades, ayúdense unos a otros. Ésa es la manera de obedecer la ley de Cristo (Gálatas 6:2). A veces la cargas que llevamos se vuelven demasiado pesadas. El simple hecho de saber que en tu proceso de oración hay alguien más en comunión contigo, orando por tu petición, libera tu carga y te sentirás acompañado. Ésto también es parte de las funciones de la familia de la fe.


Tenemos mayor resistencia en la adversidad.
Uno solo puede ser vencido, pero dos presentan resistencia. El cordón de tres hilos no se rompe fácilmente (Eclesiastés 4:12). Hay una frase que usamos mucho que dice: "en la unión está la fuerza". Y aunque suene trillado y poco original, la realidad es que nos hacemos más fuerte cuando andamos en unidad. 

Alguien dijo alguna vez que "la oración no sólo nos lleva hacia Dios; también nos lleva los unos a los otros". 

 

Hoy quiero hacerte una invitación. Si hace tiempo no oras junto a tus hermanos, tu familia, tu esposo o esposa, junto a tu novia o novia, retoma ese tiempo de oración en comunidad. Compartan sus peticiones, sus inquietudes y lo que hay en su corazón.  Pero oren a una sola voz, en un mismo pensamiento y en un mismo espíritu. Siempre creyendo en que en el nombre de Jesús serán respondidas nuestras oraciones. Glorifiquemos a Dios con nuestra armonía y comunión con él y los demás. 

 

De todo corazón, 
Miredys