¿Qué diría Jesús?

Hoy es un día particular. Vestido de frustración para unos y de triunfo para otros. Con un poco de trabajo tratamos de digerir la nueva realidad que vive nuestro país y la nación americana. Mientras tanto, las bolsas de Asia y Europa decayeron y según vociferan las redes, algunos andan en la búsqueda de nuevos destinos. Dentro de todo este caos emocional que se percibe yo no puedo olvidar una sola cosa: La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella (Proverbios 10:22). Es por esto que mi corazón está puesto en las cosas de arriba y no en las de esta tierra (Colosenses 3:2). 

Jesús sabía que este día llegaría. Sabía que hoy muchos se sentirían frustrados, desilusionados, confundidos, enojados y cansados de ver lo mismo con muy pocas esperanzas de un cambio cercano. Hace miles de años, Jesús expuso un gran discurso conocido como el Sermón del Monte (Mateo 5 al 7).  Sin dudas es el discurso más completo, veraz y esperanzador que hayamos conocido jamás. Lleno de promesas que se cumplen día a día en aquellos que creen en él. 

Cuando Jesús vio a tanta gente, subió a una montaña y se sentó. Los discípulos se le acercaron, y él comenzó a enseñarles:
Dios bendice a los que confían totalmente en él, pues ellos forman parte de su reino.
Dios bendice a los que sufren, pues él los consolará.
Dios bendice a los humildes, pues ellos recibirán la tierra prometida.
Dios bendice a los que desean la justicia, pues él les cumplirá su deseo.
Dios bendice a los que son compasivos, pues él será compasivo con ellos.
Dios bendice a los que tienen un corazón puro, pues ellos verán a Dios.

Dios bendice a los que trabajan para que haya paz en el mundo, pues ellos serán llamados hijos de Dios.
Dios bendice a los que son maltratados por practicar la justicia, pues ellos forman parte de su reino.

 

Los cambios, las tiempos y las circunstancias de esta tierra son pasajeros.  Más todo lo que proviene del cielo permanecerá. Jesús prometió bendecir a los que confían en él.  Ante el panorama, mantén la calma. Él es capaz de hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos (Efesios 3:20).

Un día como hoy ¿qué diría Jesús?...

Les dejo la paz.
Es mi propia paz la que les doy,
pero no se la doy como la da el mundo.
No se preocupen ni tengan miedo.
— Jesús

 

De todo corazón, 
Miredys