Serie Wikén para tres: ¿Y qué yo traje?

 
 

Una de los issues más grandes para la mayoría de las mujeres cuando se van a quedar en algún lugar es empacar. Puede ser una semana, un mes o un día. La verdad es que aunque nos llevemos la mitad de la casa, siempre sentimos que algo se nos queda. Como la estadía en Culebra era solo un día y medio,  me propuse ser más práctica y económica:  —Esta vez llevaré meramente lo necesario. Solo puedo decirles que lo intenté. 

Cuando llegamos a Fajardo, mientras bajábamos el equipaje para llegar al Ferry, recuerdo haberle dicho a Valerie: —Estoy orgullosa de mí.  Es la primera vez que tengo menos cosas que las demás. Así que en ese momento me sentí realizada, pues había logrado mi meta de no excederme con los motetes.

Mientras estábamos en el Ferry, Stella y Val hablaban de las cosas imprescindibles que se llevaron para Culebra:

Yo me traje mi libreta y una revista, por si me inspiro, dijo Stella.

Yo también. Siempre es importante, dijo Val.

Mientras tanto yo pensaba: ¿Cómo rayos se me pudo olvidar traer una libreta o un libro para un wikén como éste?

Más adelante, ya en Playa Flamenco Val me dice: —Nos hubiéramos tomado unas fotos con la cámara instantánea.   A lo que respondo:—Pensé en traerla, no sé porque no lo hice.  Una vez más, esa voz dentro de mí decía: ¿En serio, también dejaste la cámara?

Y así, de pronto me di cuenta que no había llevado shampoo, ni acondicionador, ni medias, ni pantalones largos para el frío durante la noche, ni mi cepillo para peinarme. —¿Y qué yo traje? Recuerdo que terminamos muertas de risa, pues ya mi orgullo se estaba tornando en decepción.

 

Lección #2

No fijando nosotros la vista en las cosas que se ven sino en las que no se ven; porque las que se ven son temporales, mientras que las que no se ven son eternas.
— 2 Corintios 4:18

En un momento pensé que lo tenía todo resuelto. Que en mi equipaje estaba todo lo que necesitaba. ¿Qué pudo pasar? ¿Me desenfoqué, me despisté o puse mi vista en otras cosas que creí eran necesarias? En cambio hubo otras que ni usé, simplemente porque no las necesitaba.

Así mismo nos pasa con la maleta de nuestra vida. Muchas veces pensamos que estamos bien equipados y cuando nos damos cuenta, tenemos muchas cosas que no nos sirven y las que son necesarias, nos hacen falta. Quizás no tenemos claro cuales son nuestras necesidades o no hemos establecido claramente las prioridades en nuestra vida.

Aún así Dios nos permite disfrutar la travesía. Aunque olvidé el shampoo y el acondicionador, Stella me dio un poco del suyo. Aunque no traje libros, ni libretas, estaban las revistas de Stella y Valerie. Aunque no nos tomamos fotos con mi cámara instantánea, tomamos fotos con nuestros celulares. De todos modos, no me faltó nada, pues siempre hubo provisión. De la misma manera, Dios tiene todo lo que necesitamos y si acudimos a él, con amor nos lo dará.

Si hace mucho no lo hacías, te invito a que le des un vistazo a tu maleta. Si la sientes muy pesada, revisa qué hay en ella. Si la sientes muy vacía, verifica qué hace falta. Lo importante es que para ambas cosas recurras a la persona correcta.

Mi Dios, pues, suplirá toda necesidad de ustedes conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
— Filipenses 4:19

 

De todo corazón, 
Miredys