Si Dios fuera “moody”

Conceptos importantes:
Moody: temperamental, de carácter cambiante (Wordreference).
Doble ánimo: del griego díspujos o dispuchos que significa doble espíritu, vacilante(1). De dis (dos veces) psuchë, alma, doble-animado, doble pensamiento (Comentario al texto griego del nuevo testamento).

Imagínate que estás en apuros. Necesitas pedirle a Dios que solucione el problema en el que ahora estás metido/a o que te provea eso que tanto deseas. Oras con mucha intensidad e insistencia porque realmente lo necesitas. Sin embargo su respuesta es algo como: “Mmm… ahora no. No tengo ganas. Cuando me sienta mejor te aviso”. 

¡Uf!… gracias a Dios que ésta no es la realidad. Ahora bien, ¿y nosotros? Cuantas veces hemos dicho: “Hoy no voy a cantar porque no tengo ganas”, “Que lo haga otro, no estoy en el mood”, “Estoy molesto, no voy para la iglesia”. Poco a poco seguimos aumentando la lista de excusas que, sin darnos cuenta, debilitan nuestro ánimo. Entonces, llega el punto en que nos convertimos en personas inconsistentes que ante cualquier situación ponen las excusas antes que el compromiso.


El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.
— Santiago 1:8

¿Es peligroso ser una persona de doble ánimo? La respuesta es ¡Sí! Al principio parecen simples pretextos, pero si no lo manejamos a tiempo, pueden volverse un hábito (costumbre o práctica adquirida por frecuencia de repetición de un acto. Wordreference). Un ánimo inconsistente le resta fuerza a nuestro mensaje, a lo que somos o proyectamos y habla sobre la esencia de nuestra manera de ser ¡Auch!

Hay días en los que nos pesan los pies, estamos molestos o podemos sentirnos decepcionados, tristes o hartos, you name it. Esto es parte de ser humanos ¿no? Pero cuando Jesús es nuestro centro, el doble ánimo no puede ser parte de nuestra vida, ya que no es lo que hemos aprendido de Él. Santiago 1:5 dice:  “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará; pues Dios da a todos sin limitación y sin hacer reproche alguno.”

Aunque pudiera hacerlo y muy distinto a nosotros, él no nos niega su ayuda, ni su amor ni su gracia. Con brazos abiertos podemos ir confiadamente encontrando en él lo que realmente necesitamos siempre de buena gana y con amor. Sin embargo existe un detalle importante. Cuando nuestro ánimo no es constante, nuestra fe se ve afectada, distorsionando a su vez nuestra perspectiva de Dios. Digamos que esto es como el efecto dominó, una cosa lleva a la otra.

Siguiendo en el primer capítulo de Santiago, el verso 6, 7 y 8 dicen lo siguiente: (6) Pero tiene que pedir con fe, sin dudar nada; porque el que duda es como una ola del mar, que el viento lleva de un lado a otro. (7) Quien es así, no crea que va a recibir nada del Señor, (8) porque hoy piensa una cosa y mañana otra, y no es constante en su conducta (DHH).

Hace unos días leía un quote en Facebook de Thomas S. Monson que explica esto mucho más claro y preciso: 

La fe y la duda no pueden vivir en la misma mente.

Así que una persona de doble ánimo que muestra una fe y conducta inestable, no será efectivo en ningún área de su vida. Así como las olas del mar, irá de un lado a otro, pero no llegará a ninguna parte. 

El doble ánimo no sólo afecta nuestro espíritu, sino también nuestra mente y nuestro cuerpo. En cambio, Jesús nos muestra el camino, la manera correcta y saludable de ser personas estables . No tienes por qué estancarte y conformarte con una vida sin fruto.

Es posible que no sepas qué hacer, pero con un poco de fe (Lucas 17:6) y un corazón honesto (Salmo 51:17), pide lo que necesitas. Dios, sin reservas, te lo dará. Qué bueno es saber que el carácter de Dios es estable. Él es el mismo ayer, hoy y siempre (Hebreos 13:8).

En la Biblia no podemos encontrar un mejor ejemplo que el pueblo de Israel.  Un día adoraban a Dios y al otro a sus ídolos. Dividieron sus lealtades y fueron inestables en su pacto con Dios. Pero les tocó el tiempo de ser confrontados con su realidad (1 Reyes 18:21).


Ser confrontados nunca es cómodo, pero sí es necesario para que el cambio sea posible. 

Así pues, renueven las fuerzas de sus manos cansadas y de sus rodillas debilitadas, y busquen el camino derecho, para que sane el pie que está cojo y no se tuerza más.
— Hebreos 12:12-13

 

De todo corazón, 
Miredys