Somos luz y sal: Cómo apoyar efectivamente a alguien con comportamiento suicida

Hace unos días visité junto a mis padres el hogar de una niña que apenas cumplía doce años.  Resulta que había pensado quitarse la vida, pues es víctima de bullying en su escuela. Su mamá se enteró por una nota que vio en la libreta de su hija que ella misma escribió. Por otro lado, una de mis compañeras de maestría, mientras realizaba una presentación sobre el duelo, tocó el tema del suicidio. Fue alarmante ver las estadísticas que lleva Puerto Rico en los pocos días que va del año 2017.

Según el Departamento de Salud las muertes reportadas por suicidio el año pasado (2016) fueron 104.  De este total, 90 fueron hombres y 14 fueron mujeres.  Ahora bien, no podemos descartar que fuera de esta cifra, están los intentos de suicidio, que sin dudas, es impresionante la cantidad de personas que sufren crisis como estas.

Según el Centro de Control de Envenenamiento de Puerto Rico (Poison Help), las llamadas por motivo de intento suicida en el 2016 fueron 825, aunque hubo una reducción, pues en el 2015 fueron 1,642.  No podemos olvidar aquellas personas que nunca se reportaron. En lo que va de año se han registrado 14 suicidios de hombres y 2 de mujeres.

Me pregunto ¿Qué estamos haciendo al respecto? Es evidente el deterioro de la salud mental de nuestra sociedad. Comprendo que puede parecer una ola demasiado grande y lo más fácil es que otro se encargue o dejar que nos lleve. Sin embargo, hay mucho más que podemos hacer (Filipenses 2:4).

Tenemos un llamado a ser sal y a ser luz (Mateo 5:13-14). Dos elementos vitales en la vida del ser humano.  Alguien que llegó al punto de querer quitarse la vida, ha perdido la esperanza y el sabor de la misma. Siente que no existe ninguna razón suficiente para seguir viviendo. Es por esto que debemos ser sal.  En medio del dolor, la confusión, la frustración es difícil ver esa luz al final del túnel. Cuando se está encerrado en los problemas, ahogado en medio de ese mar de preocupaciones la luz pierde su brillo. Por eso debemos ser luz.


¿Cómo ser luz y sal para alguien que
ha pensado quitarse la vida?


  • Sé sabio(a) y prudente en tu intervención; debes tener paciencia. La Palabra de Dios es viva y eficaz y puede hacer posible lo que para nosotros no lo es. Sin embargo, no podemos perder de perspectiva que una persona que desea quitarse la vida está pasando por un momento muy difícil y la carga o presión que siente es demasiado pesada. No es el momento para señalar, juzgar y/o hacer preguntas innecesarias. Es el momento de apoyar.
     
  • Permite que la persona ventile y exprese todo lo que siente. No es el momento para ser demasiado optimistas o declarar todos los versos bíblicos a favor de la vida. No me malinterpretes; hay tiempo para todo. En ese momento la persona solo necesita soltar, expresar con libertad sus emociones, sentimientos y pensamientos. Solo necesita ser escuchado con empatía sin sentirse juzgado(a).
     
  • Sé genuino(a). Hazle sentir que verdaderamente es importante para ti.  El apoyo emocional es una herramienta poderosa contra el suicidio. Apoya con respeto, amor y comprensión.
     
  • Busca ayuda. Aunque tengas la mejor intención, no necesariamente tienes todo el conocimiento para manejar esta crisis. Una excelente manera de apoyar es buscar la mejor ayuda para que esta crisis pueda superarse. Mientras tanto, no dejes de orar. La oración es poderosa y lo que nosotros no podemos hacer, Dios tiene el poder para hacerlo (Santiago 5:16).

Si has notado algún comportamiento extraño que entiendas que podría tratarse de pensamientos suicidas, toma acción. Oriéntate y haz tu parte.


 Entonces los justos preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre, y te dimos de comer? ¿O cuándo te vimos con sed, y te dimos de beber? ¿O cuándo te vimos como forastero, y te dimos alojamiento, o sin ropa, y te la dimos?  ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?”  El Rey les contestará: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron.”
—Mateo 25:37-40


De todo corazón, 
Miredys

 

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