¡Que no te controlen las hormonas! | Fundamentos del dominio propio

 

Esta mañana “desperté” radiante, eso a pesar de que no logré descansar nada durante la noche.  Era ya de madrugada pero mi mente estaba vivaz, disfrutando de buena lectura y snacks nocturnos.  Ya de mañana recibí con una sonrisa y un efusivo abrazo a mi compañero de vida.  Le preparé el desayuno considerando cada uno de sus particulares gustos acerca de la elaboración de unos pancakes perfectos al gusto.  Luego, le serví  jugo y dimos rienda suelta a la plática.  Al cabo de unos minutos me preguntó: ¿todo bien, y las hormonas?… Sí, se me derrumbó el mundo. En segundos pasé de alegría a rabia y sin problema alguno retorné a mi “status” emocional más reciente: estar feliz y radiante.

Sin duda alguna, en ocasiones resulta un poco incómodo reflexionar acerca de nosotros, de nuestra personalidad y avizorar eficazmente las causas y porqués de nuestro comportamiento. Sí, en ocasiones quisiéramos modificarnos y lo deseamos tan consecuentemente que lo pedimos (a Dios). La espítola de Santiago nos advierte:

Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.

Al toparme con palabras que no hacen solicitud, sino exhortación, comprendo la urgencia imperante de ejercer mayordomía sobre mi carácter.  Debo entender que no fui creada para ser arrastrada por el viento, Dios me hizo con un propósito definido y con voluntad.

Sistema Endocrino, es aquel relacionado a la secreción de hormonas, sustancias que funcionan como mensajeros a través del cuerpo. Estas corren a lo largo y ancho de nosotros fungiendo junto a nuestro sistema nervioso como un agente de control y estabilidad.

Sucede, que si vuela una pajita hacia mi ojo, pestañeo, gracias cortisol.  Sucede, que si estoy en peligro se me va el hambre, mi cuerpo se vuelve fuerte y soy capaz de desplegar una potencia física que naturalmente no poseo, gracias adrenalina.  Pero sucede también que en ocasiones tengo deseos de llorar o muchas ganas de reír y a esto también lo acompañan las hormonas. ¡Qué extenuante! Pareciera que mi cuerpo sujeta sus acciones a estos sistemas tan indispensables para la homeostasis*. Déjame aclararte, exceptuando trastornos hormonales severos el timón de tu cuerpo lo tienes tú.

La biblia es clara: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” y también anima: “esfuérzate y sé valiente”.

Aunque en ocasiones pensemos que no es posible, Dios fundamentó tu carácter sobre su imagen y semejanza. Tienes herramientas, Dios te ha dado el poder (capacidad), el amor (sentimiento) y la facultad de conducirte apropiadamente (dominio propio). No está mal sentir ganas de llorar sin razón, pero no siempre tienes que sucumbir, no está mal enojarte o desesperarte, pero recuerda no ceder a lo que te aflige y te causa vergüenza.

Abrázate a tus hormonas, ámalas y dales cariño, pero edúcalas; porque un cuerpo, una mente, y un espíritu indisciplinado es uno que se dirige con prontitud a la locura. Sí, las hormonas intentarán dominarte pero si te acompañas a la salud ejercitándote, practicando una dieta saludable, educando tu mente y sobre todo, si te afianzas en el consejo de Dios, tienes victoria segura.

Recuerda: tus hormonas han sido diseñadas para que te sientas relajado, amado y feliz, si otro sentimiento interviene, ponte firme. Dios te ha dado los fundamentos que te subsisten.

¡Que no te controlen las hormonas!

 

Por Gloribeth Cintrón

 

*Conjunto de fenómenos de autorregulación que intentan mantener equilibradas las composiciones y las propiedades del organismo. (Definición Diccionario en línea Wordreference.com)