Aún sin alas, volaré

 
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Vivimos en un mundo tan cambiante donde muchas veces las circunstancias o situaciones son la orden del día. Pero nos toca a cada uno buscar la mejor arma para afrontar eso que de repente llegó a “tratar” de desequilibrarnos.  Somos tú y yo los protagonistas de nuestras vidas y los que decidimos el resultado final. Como bien aprendí de un ser especial, no podemos controlar lo que ocurre a nuestro alrededor, pero lo que sí podemos manejar es nuestra postura ante cada evento.

¿Imagínate que de un suceso o algo embarazoso puedas extraer el sumo de una excelente bebida?  Así dice un refrán muy particular y conocido: “Si la vida te da limones, haz limonada”. Sería formidable ¿no? Todo se trata de hacer la mejor elección, de nuestra respuesta ante ese suceso.   

No puedes quedarte estancado/a en ese círculo de preocupación, sino identifica tu mejor arma para salir airoso/a,  aunque tus alas estén quebradas. Precisamente es ahí, donde muchas veces insistimos en permanecer; nos acomodamos en esa situación, ya sea una caída, un golpe o como gustes llamarle.  Creamos esa tan nombrada “confort zone”, que le damos la bienvenida con cojines, alfombras y hasta con un buen té caliente en mano.  Y permíteme decirte, que cuando llega el momento de angustia a tu vida es temporal, no es eterno. Entonces ¿Por qué darle importancia y acomodar en tu vida algo que es pasajero?

Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová.
— Salmo 34:19

Recientemente, ya varios días atrás, tuve que bajar unas escaleras en mi trabajo y justamente al lado de la puerta, me encuentro con una reinita herida. Les confieso que era la primera vez que me enfrentaba a un panorama de ésta índole.  Movía mis manos haciendo ademanes para tratar de socorrerla, pero me sentía impotente, la realidad era que no sabía qué hacer sin lastimarla. 

Me quedo al pendiente por si bajaba alguien y que al abrir la puerta no la hiriera más de lo que estaba.  Mientras me acercaba veía como esa reinita luchaba por su vida y por retomar su lugar.  Sí, porque el lugar de las aves es en los aires y en las alturas, y ella reconocía que el suelo no estaba preparado para ella. Ella fue diseñada para otro tipo de escenario.  Al verla casi inmóvil, me percato que ella hace su máximo esfuerzo para voltearse hasta que lo logró, no podía salir de mi asombro. Finalmente, aún así, herida, la reinita se puso sobre sus “patitas” y levantó el vuelo.  

Se me hacía prácticamente imposible, no comparar el esfuerzo, las ganas y determinación de ésta pequeña ave con la actitud que el ser humano debería reflejar ante las eventualidades imprevistas que nos llegan.  

Que mientras estemos en ese campo de capacitación, podamos recordar esa letra que dice “Mientras sea probado por ti seguiré, mientras tenga tus alas Señor volaré, en ti he puesto mi fe y así viviré”….

La estructura del ser humano debería ser siempre, luchar por el lugar que le corresponde, ese lugar que Dios le ha diseñado. Que tu posición no la defina un ala lastimada o cualquiera que sea el quebrantamiento, sino que, con tu mirada puesta en Dios, seas tú el que des las instrucciones precisas para tu vida, causando el mejor resultado que beneficie, alimente y fortalezca tu carácter.

Levántate, posiciónate y ármate de valor; toma el rol que te corresponde. Sé tú el que domines la adversidad. Reconoce la naturaleza por la cual fuiste diseñado, aquella que te caracteriza y toma posesión de lo que te pertenece. 

Abre tus ojos. Espera todo, aunque no veas nada.

Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia.
—Romanos 8:25

Sé firme en tu decisión y ten presente que aún sin alas volarás, sanarás, te repondrás y que cada viento fuerte que sople, provocará que te eleves a un nivel más alto.
 


Con Cariño,
Betzy