Aprendiendo a disfrutar nuestras temporadas

 

En el libro de Rut encontramos una historia de una mujer llamada Noemí. La vida de Noemí se movió en temporadas de aflicción, de escasez y de dolor ante las pérdidas que le tocó vivir, pero concluye con un relato de alivio, de esperanza y alegría.

Comienza su historia cuando en el país de Judá hubo hambre y Noemí decide trasladarse a Moab en busca de una mejor calidad de vida junto a su esposo e hijos. Todo iba marchando bien, cuando de pronto muere su esposo. Es ahí donde siente la pérdida del proveedor y jefe del hogar. Pasó el tiempo, sus hijos crecieron y se casaron, entonces Noemí experimentó el síndrome del nido vacío; una temporada de soledad.

Nido vacío: Una sensación general de soledad que los padres u otros tutores pueden sentir cuando uno o más de sus hijos abandonan el hogar. 

Pasó el tiempo y ambos hijos murieron. Noemí se sentía devastada y experimentaba una temporada de tristeza, soledad y dolor. Dentro de su angustia decide volver a su tierra en Judá, pero quiere irse sola sin sus nueras, pues no quería arrastrarlas a su amargura.

Noemí le manifestó su sentir a ellas, pero Rut decidió acompañarla y no dejarla en esta temporada difícil que se encontraba. Dios le mostró su misericordia en esta ocasión proveyéndole compañía, cuidado y amor de parte de su nuera.

Así que Noemí y Rut llegaron a Moab donde esperaban poder satisfacer sus necesidades. Una vez más Dios muestra su amor hacia Noemí permitiendo que Booz redimiera a Rut, casándose con ella y dándole un nieto.

Luego de tantos momentos difíciles, llegaba para Noemí una temporada de alivio y esperanza, así lo relata el capítulo 4 de Ruth:

14 Las mujeres le decían a Noemí: «¡Alabado sea el Señor, que no te ha dejado hoy sin un redentor! ¡Que llegue a tener renombre en Israel!  15 Este niño renovará tu vida y te sustentará en la vejez, porque lo ha dado a luz tu nuera, que te ama y es para ti mejor que siete hijos».

16 Noemí tomó al niño, lo puso en su regazo y se encargó de criarlo. 

Todos los seres humanos pasamos por diferentes temporadas. Cada una de ellas son de crecimiento y aprendizaje. Algunas son temporadas de gozo, de prosperidad y de bienestar. Sin embargo, hay otras temporadas de dolor, angustia, escasez y pérdidas. No importa la temporada de la vida en la que estás, recuerda que la Biblia nos enseña que todo obra para bien a los que aman a Dios (Romanos 8:28) y aunque muchas son las aflicciones del justo de todas ellas, Él nos librará (Salmos 34:19).

Aprendamos a valorar, aprender y disfrutar cada temporada que nos toque vivir.

Pastora Wanda Rodríguez
Team Allunisono