En el dolor es mejor cantar: Cuando el sufrimiento cobra sentido

 
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Hace un tiempo, luego de una gran clase de filosofía, llegué a mi casa con muchas interrogantes y pensamientos acerca de la existencia y temas profundos de la vida. Por alguna razón, esa noche, en mi mente resonaba la melodía de una canción que aprendí cuando pequeña, pero desde la primera vez que la escuché me cautivó. El coro dice algo como…

Cántico celeste en la noche tendrás
En tu corazón; aunque en aflicción.
Fácil es cantar cuando reina la paz,
Pero en el dolor es mejor cantar.

Esta última línea retumbaba en mi interior: “pero en el dolor es mejor cantar”.  Cuán paradójica parece ser esta pequeña frase. Cuando hablamos de dolor o sufrimiento es imposible pensar en algo bueno, y en efecto no lo es. Es el sufrimiento, en cualquiera de sus dimensiones o escenarios, la experiencia más difícil que pudiera padecer el ser humano. No me estoy refiriendo a ese aspecto orgánico o físico del dolor, sino ese sentido psicológico, que trastoca esas áreas más profundas de la persona.

De seguro te has preguntado, ¿para qué sirve el dolor? o ¿por qué tenemos que sufrir? Cuantas preguntas pueden surgir, pues el ser humano vive obsesionado con el “sentido” de las cosas. Entonces, si hay alguno, ¿cuál es el propósito de sufrir?

Miles de veces hemos escuchado la frase: “lo que no nos mata, nos hace más fuerte”.  Nietzsche, autor de estas palabras, conoció cara a cara y en carne propia los sin sabores del dolor y el sufrimiento. He aquí una gran verdad: el sufrimiento nos fortalece.

Y, después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables.

—1 Pedro 5:10 NVI

El sufrimiento es necesario. Es también el responsable de encontrarle un nuevo y profundo sentido a la existencia y al ser. Muchas veces, a través de los procesos dolorosos de la vida, tenemos un crecimiento que en la bonanza no siempre experimentamos. Entonces, ¿cómo puedo tolerar el sufrimiento? Enfrentándolo, encontrándole el sentido.

En esa búsqueda donde le encontramos sentido al dolor, vemos que no es solo un proceso individual, sino de enseñanza para otros.

Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación,  quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren.

—2 Corintios 1:3-4

El dolor es una alerta y nos advierte de que algo que no está bien. Es la luz que nos indica la necesidad de cambio, de sanar, transformar o restaurar algo en nuestra vida. La verdad de todo esto es que el dolor y el sufrimiento existen y son parte de nuestras experiencias de vida, las cuales son tan necesarias como los momentos de alegría, satisfacción o placer.

No es un proceso fácil, pero podemos ser resilientes ante el dolor y verlo como un maestro, en vez de un verdugo. Esto requiere un alto conocimiento de nosotros mismos, de nuestras capacidades y límites. Una persona con un autoconcepto saludable muestra ser más resiliente ante la adversidad.

Para darle sentido al dolor tenemos que abrazarnos a la fe. La fe no está obligada a erradicar nuestro sufrimiento, pero ejerce una gran función al brindarnos la seguridad de que no estamos solos mientras pasa la tormenta. La fe nos dice que hay un fin maravilloso con esto que nos está pasando, que nos duele y nos hace sufrir. Así también que tenemos una gran ventaja porque ahora somos más fuertes, porque hemos crecido y vemos más allá de lo que antes veíamos, lo cual nos permite distinguir qué es real y qué es efímero. Cuando nos abrazamos a la fe y la ponemos por obra, podemos hablar un lenguaje de esperanza y triunfo aún en medio de la adversidad:

Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible, sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno.

2 Corintios 4:16-18

No hay cántico más hermoso que aquel que surge del dolor mismo, pues entona la melodía de un corazón fuerte, sabio y sensible. Al unirse al de otros, crearán poderosas armonías, entonando al mundo la más hermosa canción de esperanza y verdadera paz que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús. (Filipenses 4:7)

 

Por Miredys Valcárcel
Fundadora de Allunisono 

 


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